sábado, 17 de febrero de 2018

A una desconocida



A Inma que fue durante mucho tiempo esa transeúnte que todo soñador anhela encontrar alguna vez en su vida.


Aunque nunca supere la tristeza
de haberte perdido alguna vez,
confundido por las ansias
del buscador sin suerte que conoces,
siempre me quedará el alboroto
de saber que durante un instante caminabas
sin pudor
por esta alma mía
que te tendió los puentes que cruzaste.

Como un peregrino buscaste el corazón
que con pena dejarías para no atravesarlo,
y, desde entonces, sufre, sufre y te recuerda
con una emoción tan rara y tan profunda
como la que Georges sintió
al descubrir a la transeúnte de Antoine
sonriendo con dulzura en un rastrillo.

Y lloré amargamente como Dylan,
alejándose bajo la lluvia,
el día que aquella desconocida que fuiste
se me perdió para siempre.

domingo, 14 de enero de 2018

El crepúsculo de los montes

II



Hay un jardín que muere en el miedo de los patios
donde canta el jilguero
que lloraba sin luz
en lo turbio y angosto  que vuelve de una infancia
y no encuentra palabras para expresar tu canto,
y entre escombros agolpados
contra el muro
la tristeza se esfuerza
por ofrecer su lecho de raíces a unas plantas de Oriente
que no verán camino en sus primeros pasos nunca más
como tus ojos, 
en un barranco  donde no habita una estrella
que los guíe,
oscuros, deslavazados, apasionados, muertos,
en el libro amarillo que mostrara tu hondura
ante mi asombro de niño,
en la palabra de amor que desplegó tu boca hacia los tristes,
hacia los que nacieron de rodillas
ante el peso infinito del estigma invisible,
hacia los que tienen hambre de amapolas
de montes rotos que imploran su olor a tierra
en la melancolía de su ocaso
que nadie mirará mientras duerman los dioses
entre sábanas blancas tendidas en un mísero cordel
 y la canción que hiere en las tinieblas
de las cinco en punto de la tarde.



El poeta y la muerte

Yo acorralado
en este desconcierto de palabra cautiva
que no verá su curso natural cubierto con requiebros
de amante a la ventana y coplas en el aire;


Granada ya no es Granada, 
es una charca de sangre

en esa noche ardiente de partituras huecas
que invaden la sinfonía que no escuchan los pájaros burlones
que no temen las balas donde sus ramas duermen
y siempre escapan prestos del hacha del verdugo.

Y, al fin, llega el poeta
 con su traje de loco que no encontró destino,
su valiente alegría 
masacrada en las aulas de la camisa nueva
con la cruz en la mirada y la muerte
 en las entrañas,  
con el corazón quebrado por una pena
que brama,
sangra, duele, pero no sabe morir
 en los labios que la tiemblan, la precipitan y le cantan
los bardos por seguiriyas
y sitúan los huecos que arrastran a un rincón desconocido
entre el polvo y los espejos de un barranco aletargado
cuya senda nunca ha sido ni barrera  ni quebranto
para que levante el vuelo una lágrima incrustada
 en sus pequeños ojos infinitos.

sábado, 13 de enero de 2018

Canto

Tuve un amigo,
tuve un poeta
que rimaba las nubes
y el agua quieta.
(Manuel Pareja Obregón)



Por eso canto,
 para recordar la emoción del niño
que mira a sus mayores agradecido
 y obnubilado,
canto por esta senda perdida que cubre la soledad del mar,
los quejidos del monte y el dolor de los recuerdos.

Canto por este eco profundo
cuyo lamento no escucho pero llora y me asalta
en el rostro inundado por la gracia de aquellos
tocados por la caricia que hiere
prendida a la cintura de un torero enamorado,
de una bandera bordada por su Marianita ausente.

Canto para enmarcar la brisa pasajera 
del cómico ambulante,
de los iletrados que llevan en la sangre 
la poesía
de los andaluces que tocaban las palmas con espanto
cuando el Tarajal se entregaba a la muerte,
de mi pequeña calle donde sigue mi madre
aunque digan que cerraron sus ojos 
para no verme
borracho y melancólico sintiendo otra  bandera
que siempre encuentra abrigo en el pecho de los sauces
que lloran a Federico
 triste y muerto, sin sudario,
en la hondura temeraria que el levante no se lleva,
en el poema de luz que se hunde en los estanques
donde Millais se sumerge como una novia ajada
y suspira entre los mirtos mientras los sueños se detienen.



Federico ausente




Yo en este rincón donde no llega
el aire que he buscado con ansia y amargura
pensando en la aspereza
de las lenguas que insisten con medallas de cieno
en esta tierra mía
cansada de llorar por quienes la llenaron de elegancia
y la preñaron de ternura,
en cegar la mirada del jilguero
que no aprendió a volar y cayera en agosto,
encadenar el llanto que derrama
el hombre bueno y libre,
desenterrar las flores, apartar las estrellas,
en manchar la hermosura de tu figura y tu acento,
despojar a los santos de su mensaje íntimo
y masacrar la rosa en los labios del poeta.

jueves, 11 de enero de 2018

Pasolini en el recuerdo (Versión 2018)



Cuando la luz no ofrece esperanza 
y se me adentra el verso 
de un poeta que calla 
en el nocturno inhóspito de una playa tardía, 
envejece mi alma por no saber nombrarle, 
por no haber arrastrado 
el peso de mi culpa, por ser testigo ciego 
del implacable olvido, 
por no reconocer que la vida se me escapa 
y no conozco a nadie 
para que llore por aquello que no hice.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Fabrizio De André - El poeta de los amores perdidos



Los recuerdos abrían las violetas
con nuestras palabras;
"No nos dejaremos nunca, nunca".

* * * * *

El amor que desgarra los cabellos
ahora se ha perdido,
no queda más que una caricia tibia
y un poco de ternura.

(Fabrizio De André – Canción del amor perdido)

“Nos enamorábamos con aquel acento apasionado y susurrante que imitábamos torpemente al oído de una niña obnubilada en una sala de fiesta oscurecida que había cambiado las películas de Ford por las canciones de Claudio Baglioni  mientras fuera, en la calle, la Avenida de África se debatía entre el ruido de algún coche  y el silencio tenue de la luz de las farolas”.

Umberto Eco aconsejaba en un ensayo que para hacer una tesis lo más importante era centrarse en algo tan concreto que, a ser posible, pudiera permitir que uno fuera la mayor autoridad del mundo en el tema que tratara mientras lo desarrollaba. Tengo una edad, 58 años, en la que uno tiende a decirlo a la menor oportunidad por miedo a que lo encuadren con una generación a la que no pertenece y le antecedió, y uno aprende, mal que bien, a mirar con sinceridad y una cierta complicidad sus limitaciones.

Puedo hablar del Mayo francés, de la llegada del hombre a la Luna, de los asesinatos de John Kennedy y de Martin Luther King, de la Guerra del Vietnam… Pero sé muy bien que la mayoría de la gente de mi generación se ha olvidado de todo ello o se ha quedado con la imagen superflua que los identifica olvidando el aroma y la significación que estos acontecimientos tuvieron en su momento o en los años que les precedieron.

         En el fondo no se ha cambiado tanto en cuatro décadas, pero nos tenemos que ceñir a momentos concretos que para bien o para mal tuvieron una importancia capital, dependiendo de cada país y su circunstancia, en nuestro ámbito cultural, no debemos olvidar que no somos nosotros los que nos identificamos sino los que nos ven desde fuera y nos sienten distintos y no andan equivocados ya que pertenecemos a la civilización de la duda que aún no ha florecido en los huertos orientales. 

         En España nos dolerá siempre, y algunos recordaremos con un aroma de encanto la dulce locura de la adolescencia, encontrarnos con manifestaciones del espíritu de la Transición, propició que, incluso jóvenes con escasa titulación académica discutieran en los portales y en los jardines de Kafka, Unamuno o Hemingway, que se sintiera una satisfacción íntima por la concesión del Nobel a Vicente Aleixandre más allá de la órbita literaria o que, al fin, pudieran verse en las pantallas películas que marcan como “El gran dictador”, “Viridiana” y “Por quién doblan las campanas”.
 
         Uno sufre cuando encuentra algo verdaderamente bueno y se le ha escapado cuando pudo haberlo vivido en su momento, a pesar de que piense que básicamente es el mismo que el nuestro, como diría Ismael Serrano ahora mueren en Siria los que morían en Bosnia.
 
         Fabrizio De André personifica mejor que nadie la frustración que tengo por no haber tenido los ojos más abiertos, la culpa pudo haber sido de él mismo que incluso propició en muchas de sus canciones que los italianos no pudieran entenderle ya que eligió el dialecto genovés como vehículo comunicativo; un hombre con una amplia perspectiva sobre el mundo había elegido centrar sus mensajes en la gente que le era más cercana. Puede que no haya intérprete más original de Dylan, Cohen o Brassens ni un trovador más herido y realista cuando hablaba de la pérdida del amor, ni un humanista tan comprometido como Pasolini; aún hoy se gritan eslóganes con algunos de sus versos más mordientes en las manifestaciones dentro de un concierto político tan desconcertante y agrio como el italiano.

(27 de julio de 2017)

jueves, 23 de noviembre de 2017

Amy Winehouse - I love you more than you'll ever know

 


Amy participaba de la misma soledad y el desapego de sí misma que hemos visto, a plena luz del día, en algunas estrellas.
(15 de julio de 2015)


Quizás quise reflejar, a través de su martirio inquebrantable, la soledad en una ciudad cualquiera que no puede acogernos y devora a los artistas que no quieren plegarse a los delirios de la fama. En este momento hubiera afrontado su muerte de otra forma, hubiera llorado simplemente por aquella niña triste y descontrolada con un talento enorme. 

El talento no justifica las salidas por la puerta de atrás, el caminar continuo por un cable sin red, no exime de culpa, pero, en su caso, el castigo fue excesivo, tuvo que  vivir una temporada en el infierno antes de morir, atravesar un vagabundeo espiritual que le robó la sonrisa.

 (24 de septiembre de 2015)

Hemos perdido a una cantante irrepetible sin darnos cuenta apenas, sin que pudiéramos ni quisiéramos evitarlo, sin que nos asomáramos a su abismo aunque solo fuera por un atisbo aletargado de la desesperanza humana acorde con nuestro tiempo, tenía un corazón que no le pertenecía, ni siquiera ella misma sabía lo que buscaba, siempre cantaba a un amor herido, sufría por el abandono o por  la entrega a la rutina mientras los tontos hablaban en la calle sin decir nada, mientras pasaban los tranvías que no tienen destino.
(21 de noviembre de 2015)